Vino de Zinovief
Catas de vino negro. Comentarios acerbos acerca del arte de mirar & crónicas sobre el show de Mr. Zinovief.
lunes, septiembre 12, 2005
Lo ha visto en una exposición: el muchacho que camina dentro del río de lodo lleva una cabra sobre las espaldas. Ambos están cubiertos. Mientras la cabra voltea hacia abajo, el muchacho le habla casi con amor, colocando su boca muy cerca de el hocico del animal. Lo lleva con diligencia, cuidando de que no vaya a escapársele. Algunas otras fotos lo confirman: se trata de la mirada previa de un sacrificio.
jueves, julio 14, 2005
La cara de una caricatura de Yoshimoto Nara, pero como si hubiera aparecido en una fotografía punteada del periódico. Un estallido sobre su cuello la proyectaba en el espacio. Lenta hasta el hartazgo, comencé a cerrar de nuevo los ojos cuando de repente dió contra la alfombra. Rodó sobre ella hasta detenerse frente a mí. Era su cara, por supuesto; estúpida obsesión. Por fin abrió la boca: habla claramente -dijo. No se entiende nada.
lunes, junio 27, 2005
Las fallas sobre su piel, la venas azuladas como tatuajes subcutaneos. Palabras que emergían de la nada en pleno ascenso hacia la superficie de su mar epidérmico. Nada que se pudiera descifrar; apenas balbuceos, por lo menos en mi interpretación. Tengo que volver a probar esa cosa, para ver si puedo entenderla -dijo.
sábado, junio 11, 2005
Profético -susurra Z. Luego lée en voz alta del libro que ahora transcribo: "construir el melodrama como una tragedia, de tal modo que, aun sin acompañamiento musical, hiciera su efecto; y su ambición, dejar las regiones bajas del idilio y de lo bufo para ensayar los más altos y nobles argumentos del género trágico, como si la nobleza estuviera en el argumento". Pietro Metastasio, s. XVIII.
lunes, junio 06, 2005
martes, mayo 31, 2005
El Pervitín era suministrado a los soldados alemanes para la llamada Blitzkrieg o guerra relámpago. El pervitín es el equivalente al hoy llamado Speed, según documenta Pedro Miguel en su sección Navegaciones de La Jornada. La vez que yo probé el Speed -me comenta Zinovief- el efecto me duró unos minutos. Cuando desperté de una especie de sueño a velocidad luz, me encontraba sobre el toldo de un auto estacionado pegándole de patadas al parabrisas. Luego, dolor de cabeza que me duró como una semana.
miércoles, abril 27, 2005
Ha pasado poco tiempo. Sin embargo a mi me ha parecido una vida entera. Zinovief se ríe mientras me ve escribir esto. No me importa, aunque debo confesar que a mi también me da un poco de risa. Hace calor y el ventilador está a todo lo que da. Las figuritas de celofán colgadas del techo bailan en el aire. Recuerdo una frase de Rilke que acabo de leer hace poco: Lo bello no es más que el comienzo de lo terrible. Zinovief me ha contagiado su risa.
domingo, diciembre 07, 2003
Hot Cakes edición especial. Pensé que algo de apariencia tan inofensiva no me haría cosa alguna. Ya había probado lo que un amigo llamaba "pastelito especial", pero había olvidado la magnitud del efecto. Ahora recordé: una especie de mini-infierno en el que todos parecen perros estúpidos. Risas, cachondeo libre, imbecilidad de esa que uno defiende sólo cuando es partícipe.
Zinovief me había dicho que no, que mejor no me los comiera si estaba de malas. Pero él comió un poco también, y cuando comenzó a hacerle efecto me pasó la mitad que no se había acabado. Cabrón. Luego se burló de mí recordándome una foto de Lou Reed que aparece en un libro de imágenes del mundo del rock: vista al frente, pupilas muy abiertas, ojos también, silencio total.
El vaso de tequila que había estado tomando antes, se quedó intacto en la mesa. Zinovief dice que necesito una droga un poco más social que no sea ni el alcohol, ni la coca.
Zinovief me había dicho que no, que mejor no me los comiera si estaba de malas. Pero él comió un poco también, y cuando comenzó a hacerle efecto me pasó la mitad que no se había acabado. Cabrón. Luego se burló de mí recordándome una foto de Lou Reed que aparece en un libro de imágenes del mundo del rock: vista al frente, pupilas muy abiertas, ojos también, silencio total.
El vaso de tequila que había estado tomando antes, se quedó intacto en la mesa. Zinovief dice que necesito una droga un poco más social que no sea ni el alcohol, ni la coca.
viernes, noviembre 28, 2003
viernes, octubre 31, 2003
jueves, octubre 23, 2003
viernes, octubre 17, 2003
Moscas de plástico en la casa de el Sr. Zinovief. Color morado lechoso unas y anaranjadas las otras. No sé si eran moscas o avispas o abejas o yo qué sé, en realidad. Pero eran insectos con alas parecidos a grandes moscas de día de halloween. Ya lo sé; no parece una actitud muy fría la de comprar moscas de juguete y acomodarlas sobre la mesa de la sala. Es inocente, en todo caso. Pero pienso que Zinovief no lo hace para reirse de nada. Tampoco, por supuesto, le interesa la decoración extrema. Creo que lo de él es como una reacción aprendida, como cuando tu mente sabe donde poner la mano para cachar una pelota de hule. Sólo sé que Zinovief ve la bolsa repleta de moscas y no puede hacer otra cosa sino comprarlas. Es algo incluído en su naturaleza. Y sé también que si no fueran moscas sino muñequitas de hule, o llaveros de resina, o legumbres de migajón con un imán para el refrigerador, igual los compraría.
miércoles, octubre 15, 2003
Yo no le deseo nada malo a Zinovief, en serio. Por eso me parece que su temor solo está fundado en su carácter obsesivo. Yo, además, soy del tipo melancólico, mientras que Mr. Zinovief es frío. Por eso es que se burla de mi sencillez. Pero a mi eso no me importa. Menos en el estado en el que me encuentro ahora. Es cierto que el dolor de cabeza nos hace maldecir a medio mundo, pero de eso a que yo pretenda joder a Zinovief hay un mundo de distancia. Eso es lo que él no entiende.
lunes, octubre 13, 2003
Cuenta que apenas el fin de semana, en un bar de la colonia Roma, sintió algo blando junto a su zapato. Cuando volteó se dió cuenta de que se trataba de la cabeza de un tipo que había caído, unos segundos antes, al piso. Está cruzado -supuso. Pero nadie lo supo -o lo quiso- decir. Todos intentaron ayudarle, sin embargo, y algunos lograron sacarle algunas palabras. Quería vomitar. Se lo llevaron al baño.
Recordó que una vez, en la embajada norteamericana, una mujer se derrumbó junto a él. Ambos estaban a punto de pasar a la vetanilla en la que se autorizan las visas. Es probable que la mujer hubiese dado un mal paso hacia atrás, olvidando que llevaba tacones. En unos segundos cinco policias estaban rodeándole a ella y a Zinovief, pensando lo peor. Zinovief se limitó a alejarse lentamente, como para dar a entender que él no había participado en nada. Ni siquiera en la ayuda. En ese momento cambió el número que indicaba que era su turno de pasar a la ventanilla. Se encaminó hacia ella con su mejor sonrisa.
Recordó que una vez, en la embajada norteamericana, una mujer se derrumbó junto a él. Ambos estaban a punto de pasar a la vetanilla en la que se autorizan las visas. Es probable que la mujer hubiese dado un mal paso hacia atrás, olvidando que llevaba tacones. En unos segundos cinco policias estaban rodeándole a ella y a Zinovief, pensando lo peor. Zinovief se limitó a alejarse lentamente, como para dar a entender que él no había participado en nada. Ni siquiera en la ayuda. En ese momento cambió el número que indicaba que era su turno de pasar a la ventanilla. Se encaminó hacia ella con su mejor sonrisa.
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